La socialización de la fe en lugar de la celebración de la fe. Necesitamos un cambio de paradigma

La socialización de la fe nos ha traído cabalgatas con Drag Queens: necesitamos una nueva vivencia comunitaria de la fe y la Navidad.

No deberíamos dejar pasar las fiestas sin hacernos una reflexión sobre lo acontecido en la cabalgata de Vallecas. Para quien no conozca el hecho lo resumimos: en la cabalgata de reyes de Villa de Vallecas (Madrid), una de las carrozas estaba abanderada por el movimiento LTGB, al llevar encaramada a una Drag Queen, llamada “La Prohibida”, y a otras dos artistas de Cabaret. Evidentemente había una finalidad ideológica que nada tenía que ver con el mensaje de la Fe católica. Y, así, se justificó su presencia al calificarse como la carroza de la diversidad y la pluralidad. Como las cabalgatas tienen público infantil, rápidamente se buscó un argumento para justificar que los niños vieran un contenido claramente adulto: “La idea que tenemos es concienciar a los niños contra el bullying escolar y los delitos de odio contra los menores de edad, por eso estoy aquí. Nuestro mensaje es el de la pluralidad y la diversidad no sexual sino afectiva”.

El periódico El Mundo ponía el acento correctamente al comenzar de esta manera un artículo que lo comentaba “No había siquiera empezado la Cabalgata de los Reyes Magos de Puente de Vallecas y la instantánea definía a la perfección lo que ha sido esta semana: varias cámaras de televisión y móviles dirigían sus focos a La Prohibida mientras el Rey Baltasar pasaba por detrás de los reporteros sin pena ni gloria”.

Quédense con esta frase final y lapidaria “el Rey Baltasar pasaba por detrás de los reporteros sin pena ni gloria”. Lo poco que quedaba de manifestación de la fe en las cabalgatas, ya quedó reducido a la irrelevancia. Cuando hablo de irrelevancia no me refiero a la notoriedad, queremos hacer referencia a la significatividad.

Esta pérdida de significatividad se apreciaba también en la campaña de la Comunidad de Madrid al usar la imagen de los Reyes Magos para promover el uso del metro, unido a la leyenda “Soy parte del movimiento que te lleva a la cabalgata”.

Pero este texto no es para extendernos en una también necesaria reflexión crítica hacia los Poderes Públicos de dicha localidad y los que luego lo han apoyado, como la presidenta regional de la Comunidad de Madrid, a la cual, según sus propias palabras el debate le parecía “una chorrada”.

No. Esta meditación es una interpelación directa a los católicos y al corazón de los creyentes que se ponen en camino de corazón.

Porque esto sucede cuando no vivimos las cosas bien. La Navidad no la robó el Grinch, la hemos entregado nosotros solos. Siguiendo a San Pablo, estamos dejando, o hemos dejado, que la Gracia caiga en saco roto (Corintios (6, 1-10). Durante décadas, bajo capa de bien, se fue permitiendo una socialización de la fe y ahora, de aquellos polvos, estos lodos.

Por socialización de la fe queremos expresar toda aquella manifestación propia de la fe y perteneciente a la Iglesia que se ha transferido a la esfera pública; particularmente, la que se ha dejado bajo el control de los Poderes Públicos o fácticos del momento. De manera que hemos entregado el Misterio de la Navidad a quienes no sabían valorarlo, porque no les correspondía, y éstos, en su propia lógica, lo han vaciado de significado y de vida.

Este proceso de abdicación individual y comunitaria en la Iglesia, ha sido aprovechado por los adversarios de la fe que han aplicado su eficaz estrategia de tres fases: adoptar, extender y extinguir. El proceso consiste en que en un primer momento se “adopta” un estándar, en este caso el católico, incorporándose a su ámbito, después, bajo capa de bien asumiendo algunos de esos valores por conveniencia y normalmente los que son tangenciales (lo familiar, los buenos deseos…), lo “mejora” o “amplía” añadiendo elementos propios incompatibles con el paradigma original (Las reinas republicanas); y termina “extinguiendo” el original al imponer sus propios criterios por medio de su dominio de los medios.

De hecho, ¿Por qué no he leído en ningún sitio que nadie se cuestione que una Cabalgata de Reyes pueda ser algo que se pueda organizar fuera de la Iglesia Católica y sin el control de ésta?.

La Cabalgata ha sido la expresión más extrema pero no la única. A dondequiera que uno mirara podía ver cómo bajo el término Navidad se escondían constantes ofertas comerciales; cómo se han venido sustituyendo los símbolos cristianos por los paganos y muy acentuadamente los más propios del capitalismo rampante: el consumismo y el relativismo (Para despejar cualquier suspicacia, el que suscribe no es anticapitalista y valora el liberalismo económico en lo que vale, que es mucho). La Navidad ya no es Jesús que llega sino que es un tal Noel, paisajes nevados, adornos de colores vivos y muchos otros envoltorios.

Ahora mismo el concepto de la Navidad “lo aguanta todo” y ha quedado vacío de contenido prácticamente.

Pero como veníamos diciendo, no se trata de criticar solo a todo ese mundo pagano que, sin perjuicio de su falta de respeto, lo cierto es que actúa movido sin rumbo al ritmo de sus pulsiones en una gran y negligente ignorancia; se trata más bien de interpelarnos a los creyentes que realmente nos ponemos en camino (De hecho, excluyo a los creyentes sociológicos o de etiqueta que menciona San Pablo pues no pueden sostener lo que no son capaces de admirar aún).

La medianía de nuestra fe también se ha dejado impregnar y llevar por todos esos mensajes de falsos profetas. También hemos caído en todo lo que envuelve ahora a la Navidad y nos hemos olvidado de lo que envuelve el nacimiento del niño-Dios.

No nos equivocaremos mucho si decimos que gran parte de las fiestas navideñas de los padres católicos han consistido en preparar comilonas, organizar regalos y reducir la natividad a un momento familiar.

¿Cuántas parroquias, cuántos movimientos, cuántas comunidades; cuántos grupos de fe han hecho un planteamiento auténtico para la fiesta del nacimiento de Jesús?. Hoy día la fiesta de la Navidad es la Misa de Gallo. Y para algunos más, la bendición papal.

No es suficiente.

Si por algo se está caracterizando el pontificado de Francisco es por su gran énfasis en lo pastoral. Lo pastoral, por su definición, es promover aquello que ayuda especialmente a tener un encuentro con el Misterio. Nos atrevemos a decir que la manera de celebrar el nacimiento de Jesús de los católicos es totalmente insuficiente a día de hoy y que hacen falta planteamientos más amplios e integrales que lo que existe actualmente. Y esto tanto a nivel individual como institucional. De hecho, debería empezar por lo institucional para que pueda permearse hacia el Pueblo de Dios una vivencia auténtica de lo que celebramos.

Una experiencia de los últimos años: padres que buscan alternativas eclesiales para poder celebrar estos días con los niños. No existen y no las encuentran. En cambio, hay oferta secular de otras muchas cosas que confunden a los menores. Los niños tienen que hacer un esfuerzo mayor, hoy día, para entender que la Navidad es Jesús que viene y no dibujos animados estilo navideño. Esto sucede. Otra experiencia: uno quiere llevar a los niños a ver a los Reyes Magos pero ya no es posible: las cabalgatas se han llenado de cosas que no solamente cuentan la fe sino que alejan de ella. Y una constatación: los fieles no encontramos alternativas fácilmente. Resultado: en lugar de acudir a las fuentes, acudimos a los sucedáneos para tener algo parecido pensando que es mejor que nada (evidentemente es mejor nada). Este año fué una alegría que lloviera en Madrid porque así algunos padres tuvieron la excusa perfecta para no ir a la cabalgata de turno y evitarles a los niños que vieran lo que ven.

Básicamente, necesitamos una mayor intimidad e intimismo y unos espacios religiosos propios del tiempo de mayor intensidad. Nos referimos a que deberíamos plantearnos, como Pueblo de Dios, un cambio de paradigma para volver a uno más original o auténtico: pasar de unas fiestas menos familiares a unas más comunitarias; pasar de las Cabalgatas a los Autos Sacramentales; pasar de tanta música de ascensor “navideña” a un mayor silencio y retiro; pasar de los ritos seculares a nuevas paraliturgias que permitan una mayor vivencia. ¿Cómo vamos a recibir el Misterio con tanta distracción, con tanta atención dispersa en lo que no es central de lo que se celebra?.

En definitiva, necesitamos un programa para la Navidad y necesitamos que los sacerdotes, especialmente, lideren un nuevo dinamismo de autenticidad generando dichos espacios y facilitando las cosas en extremo a los feligreses en camino. Esta iniciativa es un desafío, así que necesitamos sacerdotes que sepan arriesgar, que sepan confiar, porque lo que está claro es que el riesgo del fracaso es grande si lo medimos en términos cuantitativos pero puede ser un éxito cualitativo, al fin y al cabo somos levadura y no masa, si conseguimos que unos pocos traten de vivir en verdadera disposición interna y externa (muchos los llamados pocos los escogidos).

Para no quedarnos en la mera crítica, nos atrevemos a hacer algunas propuestas para lo sucesivo: que cada arciprestazgo tenga por objetivo pastoral anual la promoción de un Auto Sacramental para la víspera de Reyes; cartas de los obispos en esas fechas donde promuevan la participación de los fieles en un programa de espacios específicamente religiosos controlados por los creyentes exclusivamente; un programa en las parroquias, comunidades y grupos religiosos que promueva celebraciones más religiosas y menos convencionales; facilitar materiales a los feligreses para que éstos puedan interiorizar mejor; paraliturgias complementarias a las liturgias especialmente previstas para esos días. A la vez, los autos sacramentales que ya existen deberían ser supervisados y coordinados en gran medida por la autoridad religiosa local en colaboración con los poderes fácticos dejando siempre la iniciativa a la primera y no a los segundos.

No estamos teorizando. Quien suscribe estas palabras promovió un par de años una paraliturgia en una capilla en una parroquia escasas horas antes de la cena de Nochebuena. Vinieron pocos pero no importaba, como no importó hace 2000 años que fueran unos pocos pastores los que acudieron al portal en primer lugar. Este tipo de iniciativas tienen que ser propuestas y lideradas por los sacerdotes en las parroquias y deben confiar porque lo norma será que obtengan poca respuesta. Pero no lo hicimos y no lo hacemos por el éxito cuantitativo, lo hacemos porque es lo que necesitamos.

Estas ideas pueden ser más o menos oportunas; mejor o peor realizables, más o menos acertadas pero lo relevante no es eso, porque concretar lo que sería adecuado vendrá después, lo esencial es ponerse en camino nuevamente porque no nos damos cuenta pero vivimos como si estuviéramos en el destierro del Pueblo de Israel y hubiéramos perdido el templo y estuviéramos sometidos y lo que es un pecado es que seamos nosotros los que lo permitamos porque nos estamos olvidando de Dios y lo que Dios nos pide.

Evangelizar la famillia al preparar el Belén

Con la llegada del Adviento publicamos una iniciativa evangelizadora propia de este tiempo litúrgico, como es el diseñar, preparar e instalar el Belén familiar.

Lamentablemente, el tiempo que precede a la Navidad tiende a ser instrumentalizado con intereses mercantiles e incluso los creyentes podemos dejarnos cautivar por los mensajes comerciales, alejándonos del sentido auténtico y la esencia del Adviento como tiempo de espera al nacimiento del Niño Dios. Nos corresponde a los creyentes recuperar el espacio cedido y situar el verdadero sentido del Adviento en el centro de todo. Una manera muy oportuna de hacerlo es ligarlo a la preparación del Belén.

A los creyentes que conviven con personas que no lo son se nos ofrece la oportunidad de hacer visible a Dios en el hogar. Basado en nuestra propia experiencia compartimos algunas ideas para acercar a nuestros familiares no creyentes a Jesús en tiempo de Adviento y Navidad:

Conferir al Belén familiar un papel preeminente y convertirlo en tradición que arraiga en el tiempo: no es una tarea de un momento llevada a cabo por unos pocos, sino un evento familiar, una ‘cita’ esperada por todos y cuyo disfrute dura varios días

Implicar a toda la familia: es el Belén de todos y todos participan aportando lo mejor de sí mismos

Dar sentido al Adviento: Hay un tiempo para cada cosa y el montaje del Belén como signo de preparación y espera va vinculado al Adviento. Este esperar aún cuando ya se habla de que la Navidad está próxima y los escaparates y las calles anticipan su decoración genera expectación, porque sabemos que no es tiempo aún pero está muy cerca el momento de compartir las ideas que hemos ido pensando durante el año. De igual modo si se empieza demasiado tarde no nos estamos preparando adecuadamente para la llegada de Jesús. De este modo el Adviento se convierte en un tiempo esperado por todos que marca el inicio de una tarea que es prioridad, y cuando llega, es tiempo de disfrute y alegría.

Rigor creativo a la luz del Evangelio: leer los pasajes e investigar qué detalles nos dan los Evangelios para hacer una representación coherente. Supone una oportunidad preciosa de conocer qué se dice pero también qué significan los detalles: ‘nacer en un pesebre porque no había sitio en la posada’, ‘oro, incienso y mirra’, etc.

Hay multitud de escenas que se pueden incorporar al Belén: el propio nacimiento de Jesús, pero también la adoración de los Reyes, la anunciación a los pastores, la visita a Herodes… para profundizar más en el sentido de cada una recomendamos escenificar cada año un único pasaje e ir ampliando año a año, como si se tratara de viñetas de un comic que se van sumando. A cada escena se le puede dar un título y acompañar con un extracto del relato del Evangelio que lo narra.

Disfrutar: hacer de la preparación del Belén un tiempo de calidad en familia, reforzando el cariño y la unión de esfuerzos en un objetivo común. Es un modo de orar trabajando, ofreciendo al Niño Jesús nuestra tarea.

El Belén como medio de emplear nuestros dones: somos partidarios de “hacer” más que de comprar y colocar piezas, porque ello implica pensar, probar, buscar materiales y compartir ideas. Así, quien sabe hacer dioramas preparará su mejor versión, quien sabe pintar, modelar, escribir con letra artística, etc. lo hará con esmero. Como el Tamborilero del famoso Villancico, cada uno aporta su don a Jesús.

Ponernos a nosotros mismos en el Belén: cada uno de nosotros se hace presente a través de su propia figura, eligiendo el personaje que quiere ser, su lugar en la escena.

Contemplar: cuando el Belén es obra nuestra lo miramos de otro modo, con mayor cariño, y en lugar de algo estático vemos una historia viva que pasa, historia que conocemos con todos los detalles y que hemos contado con nuestras propias manos. Conocemos a cada personaje, lo que dice y siente.

Adicionalmente se puede colocar una corona de Adviento con 4 velas que vayamos iluminando progresivamente y que nos recuerdan que la Navidad está cerca.

Creemos que hay una diferencia sustancial en preparar el Belén como hemos descrito, en el que abunda la lectura del Evangelio, la fidelidad al texto, el compartir familiar, en suma, donde los creyentes y no creyentes ponen sus talentos y cariño en preparar un hogar para el Niño Dios.

Deseamos que esta iniciativa dé abundantes frutos de acercamiento a la persona de Jesús en vuestros hogares y gocéis viendo cómo también los no creyentes se implican con ilusión y entrega, y cómo el Adviento y la Navidad empieza a ocupar un lugar en su vida: haciendo notar que los centros comerciales están adornados a destiempo ‘todavía no es Adviento’, impacientes por empezar ‘falta solo una semana!, o sorprender con ‘mi regalo esta Navidad es hacer el Belén’. Lo cierto es que el Adviento y Navidad pasan de ser algo ajeno y vacío de significado a algo conocido, cercano y vivido intensamente.

Compartir alrededor del Belén no hará que los no creyentes se conviertan a la Fe, pero sí Jesús se hace más conocido y presente en sus vidas, y no se puede amar lo que no se conoce.

Elena R.

Preparación para el Adviento, medita ahora para contemplar el Belén en su verdadero sentido esta Navidad

Cada año que pasa siento con más fuerza que, sin perjuicio de los evangelios dominicales del Adviento, necesito ahondar en una visión más contemplativa de los Evangelios propios de la Navidad antes de que estos lleguen, así que mientras lo voy haciendo, iré plasmando de lunes a viernes las meditaciones que me van brotando.

Lo llamo “Cuadro de Navidad” porque las lecturas de la Natividad son muy plásticas y estas reflexiones unas breves pinceladas que deberían enriquecerse con otras muchas.

Cada día iré publicando un nuevo texto para reflexionar.

Duodécima contemplación

Acampó entre nosotros. Acampar es sinónimo de movilidad, lo contrario a estar instalado. Dios nos quiere con capacidad para desinstalarnos. Él salió de su Gloria ilimitada pasando a una situación de limitación. Es decir, sacrificó su ilimitada divinidad para asumir una limitada humanidad (sin dejar de ser Dios, claro). Lo dejó todo por nosotros. ¿No es impresionante lo que dejó atrás?. Hay que tener mucho amor para ir de lo eterno a lo caduco; de lo pleno a lo sufriente.

Asombro y sobrecogimiento es lo que brota cuando uno percibe semejante entrega. Es como ver a un rey pasando de vivir en su palacio a hacerlo en una chabola para estar entre los que le necesitan y enseñarles el verdadero significado de lo que venía anunciando.

¿No te pide Dios, tal vez, que te muevas de donde estás para ir al encuentro del otro donde el otro se encuentra?.

Undécima contemplación

Herodes en el Templo. ¿Te has planteado qué aporta la persona de Herodes en todo el relato de la Navidad?. Lo más interesante de Herodes en el Evangelio no es que fuera Rey sino que estaba aislado en su Palacio. El Castillo de Herodes nos habla de una persona encerrada en sí misma, que no es capaz de recibir y celebrar la Novedad de Dios. Cuántas veces las personas se aíslan con sus propias ideas, sus caprichos, su afán por controlar y decidir y no dejan entrar a Dios en sus vidas.

Décima contemplación

La Estrella de Navidad. A los Sabios de Oriente se les apareció una estrella que los guiaba. Dios no deja tirados a los que buscan la verdad de su existencia. Dios sabe comunicarse en el lenguaje de los que no le conocen. El lenguaje, la ciencia de los Sabios, eran las estrellas y Dios supo hacerse descubrir a través de esas señales.

¿Has pensado que Dios te habla a través de otras señales que ya están en tu vida?.

¿Te has planteado que la principal señal de Dios es su Evangelio que a lo mejor apenas conoces?.

¿Has pensado que tú mismo puedes ser señal para otros?

Transmitir a quienes están a nuestro alrededor también requiere saberla comunicar en su lenguaje, no en el nuestro. Nos habla entonces de que planteemos si hemos de encontrar una forma de comunicar que esté más en sintonía con ese alguien a quien quieres transmitir, pues a menudo la frecuencia de onda del emisor no es captada por el receptor que se encuentra en una frecuencia distinta.

Novena contemplación

Oscuridad. Los Reyes magos se dejan guiar en medio de la oscuridad más que en la luz según destaca el Evangelio. ¿Cuántas veces nos sucede esto, que parece que vemos mejor en los momentos de dificultad que en los de luz?. A veces tienen que apagarse las luces para poder centrarnos en lo que verdaderamente tiene que brillar en nuestra vida. Cuando pasas por dificultad, se ven mejor algunas cosas porque te centras en lo esencial, ¿no te parece?. Cuando las cosas van mal, a veces se descubren los verdaderos amigos; cuando nos sentimos hastiados, podemos empezar a tomar decisiones que de otro modo no tomaríamos… el Evangelio nos invita así a revisar las situaciones de oscuridad con una mirada nueva pero también nos puede invitar a “apagar las luces” de todo lo que nos distrae para centrarnos en lo que verdaderamente ha de brillar en nuestra vida para dejarnos guiar.

Octava contemplación

Los Sabios de Oriente. Simbolizan a los que no conocen a Dios pero buscan ese algo más para lo que solamente Dios puede ser respuesta. Lo tenían todo pero no tenían suficiente, querían ese algo más que les impulsó a salir de su tierra y ponerse en camino sin certezas pero con señales; con intuiciones más que con certidumbres. Y con una gran fe en que habría algo que merecía la pena un esfuerzo de ese tipo.

Ellos presintieron que algo iba a ocurrir y algo ocurrió. Estaban abiertos a algo grande y no se defraudaron cuando vieron a un niño en el que se cumplían todas las promesas de una tradición que ni siquiera era la suya.

Cuando contemples el belén, piensa en que Dios se comunica de una manera que puedas entender. Que hay señales en tu vida desde la que Dios te llama a tener un encuentro con él.

Puede ser un buen momento para meditar sobre qué señales se están dando en tu día a día que pueden tener una nueva mirada desde Dios o sobre las que Dios te quiere decir o invitar a ponerte un camino aunque ahora no tengas todas las respuestas.

Séptima contemplación

¿Sabes lo que es un pesebre?. Pesebre, es el instrumento donde se da de comer a los animales. Cuando el Evangelio resalta que María puso al niño en el pesebre, nos está diciendo que lo pone en un lugar donde los demás se pueden alimentar. Cuando mires al portal de Belén, mira al pesebre y toma conciencia de cómo Dios elige presentarse de una manera en que puedas percibir que Él solo quiere alimentarte con su Gracia.

Sexta contemplación

La Navidad no es ningún cuento de hadas. No había sitio en la posada. A veces la vida es así. No es que a uno no le quieran es que parece que no hay sitio para más. Situaciones un tanto límite. El posadero se limitó a dar una respuesta de mínimos, no se hizo cargo del problema aunque a buen seguro José le transmitió el complicado y arriesgado estado de María. El nuevo contratiempo de la Sagrada Familia – uno más y no sería el último – nos habla de que la Navidad viene en medio de esfuerzo, de la dificultad, fuera de situaciones confortables. Pero aún así, o precisamente así, puede acontecer. Medita sobre la confianza de esta familia en su Señor. Piensa en el inexistente reproche de María y José frente a lo que acontece. No hay queja, porque hay una confianza superior. Tal vez de vez en cuando vivas alguna situación difícil, tal vez la revivas en estas fechas, pídele al Señor, con sencillez, no hacen falta muchas palabras, que te ayude a vivir esas situaciones con confianza. Que contemplando lo que vivió la Sagrada Familia te inspire para tus propias dificultades.

Quinta contemplación

Belén, Dios, alimento para otros. ¿Sabes lo que significa Belén?: Casa del Pan. ¿No es impresionante también cómo el Pueblo de Israel daba significado a todo?. Lo hacía porque este Pueblo iba más alla de la superficie de las cosas y en todo encontraba una manera de elevarse a Dios. ¿Vives con esa mirada para trascender lo que te rodea?. Cuando montes el portal de Belén o cuando pases por delante, maravíllate de un Dios que se nos ofrece como pan en cada eucaristía y a través de su Palabra en los Evangelios. Él quiere seguir viniendo a ti en cada comunión y en cada Palabra. Medita sobre Belén como lugar escogido por Dios para nacer. Belén ya no es una simple ciudad, es el lugar que Dios eligió para darse como pan a cada uno de nosotros. Quizá puedas meditar sobre dejarte alimentar por Él retomando mayor contacto con el Nuevo Testamento o tomando como propósito del próximo año, el aprender a dejarte inspirar por la Palabra.

Cuarta contemplación

La Sagrada Familia nace fuera de su zona de confort. No sé si te has parado a contemplar un poco cómo están José y María en los relatos de la Navidad. Están en movimiento constante y constantemente descolocados – fuera de sitio según nuestros criterios -. Piénsalo por un momento, ¿no es un poco llamativo que la llegada de Dios se produzca en el seno de una familia desplazada por las circunstancias en el momento menos oportuno?.  De alguna manera la Buena Noticia se nos presenta aconteciendo en medio de situaciones lejanas a la seguridad  y a la comodidad. Casi es una invitación a salir de la vida que nos hemos montado. Dios te pone en camino con lo justo porque no necesita más. Dios se hace presente fuera de tu comodidad y/o de tus esquemas actuales. Puede ser una invitación a cambiar perspectivas que no dan fruto, a iniciar nuevos caminos porque los actuales no nos llevan a Él ni a los demás, a asumir imprevistos como medio para dejarte hacer Buena Noticia para ti y para otros. A salir de algunas comodidades, a ponerse en marcha.

Tercera contemplación

José. Cuenta la cultura popular que Pepe podría venir de Pater Putatibus (P.P.), haciendo referencia a José como padre putativo, es decir adoptivo, de Jesús. José es el hombre que siempre estuvo ahí. Mientras que María es la Mujer del Gran Sí, quizá podamos decir que José es el hombre de los pequeños síes.  El Evangelio nos presenta a José como un hombre que va descubriendo su misión de forma paulatina y, sobretodo, que se va descubriendo progresivametne a través de los acontecimientos. A veces pensamos que un gran sí se nos viene grande y nos resulta más accesible pequeños síes que, casi sin que nos demos cuenta, descubren el gran Sí que estaba latente desde el inicio. Al contemplar a José, piensa en cómo le puedes ir diciendo Sí a Dios a través de tus pequeños y constantes síes de cada momento, en cada día, en cada acontecimiento. En los pequeños síes te está esperando Dios con una Palabra más grande.

Segunda contemplación

María, la segunda Creación. Sobre María “sobrevuela” el Espíritu Santo como en el Génesis “sobrevolaba” sobre la Creación. En María se da una Nueva Creación.

¿Eres consciente de la novedad que viene por María?

¿Has caído en la cuenta de que Jesús trae una nueva manera de ser Persona?.

Párate a contemplar el nacimiento como un nuevo comienzo desde Dios, como la manera que tiene Dios de presentarse

Primera contemplación

María, la gran Disponibilidad. Cuando María recibe el Anuncio de que concebirá al Hijo de Dios, su respuesta es “He aquí la esclava del Señor”. En María se da la disponibilidad por antonomasia y la fe perfecta, pues ella solo puede acoger la Palabra de Dios. No cabe más, ni cabe menos. María nos enseña la actitud por definición del creyente: estar abierto a la entrada de la palabra de Dios en la vida de uno y dejar que nos crezca por dentro y nos transforme.

Dios obra si accedes a ello y estás disponible.

¿Tienes esa disponibilidad? ¿Quieres tenerla?.

Es difícil estar disponible a Dios sin estar disponible a los demás, ¿Te ves como una persona disponible ante lo que el otro suscite en ti? ¿Estás abierto a una propuesta de vida mejor que la actual?

 

El Inglés en los colegios, una excelente oportunidad para evangelizar

Cada vez más colegios en más regiones apuestan por el Inglés en su programa formativo. Ya sea mediante programas tipo BEDA, ya sea en centros plenamente bilingües, el Inglés está cobrando un gran protagonismo. Y lo que es más importante, reseñar que las nuevas generaciones cada vez lo adquieren más pronto y con mayor dominio.

De lo que hablamos es de la cultura como medio para abrir los sentidos del evangelizando.

Esto representa una gran oportunidad para evangelizar. Pensad en la cantidad de materiales que existen en Inglés. Muchísimos de gran calidad. Existen vídeos, canciones, artículos. Hay mucho más material en Inglés libre, accesible y gratuito que en español.

Personalmente soy muy aficionado a las canciones de los grupos evangélicos por la gran musicalidad y su sonido actual pero no desprovisto de misticismo. De hecho, creo que la música pop y rock religiosa americana, australiana etc. es muy superior a la de habla española, que se ha quedado un poco en la canción ligera de índole religiosa – es solo mi opinión – y que normalmente solo gusta a un colectivo muy concreto y reducido.

Otro tanto sucede con materiales de vídeo. Puede haber sinergias grandes entre la clase de religión en Inglés y la de Inglés propiamente dicha. Ahí están los pedagógicos vídeos de Nooma o canciones de la ex Destiny’s Child Michelle Williams “When Jesus say Yes” que tiene ritmo, es muy musical y alegre y no le falta mensaje.

Lo mismo sucede con los discos y conciertos de Newsboys o de uno de sus vocalistas, Peter Furler, que es capaz de cantar el Salmo 23 con un ritmo llamativo y que engancha bastante.

 

Tenemos que hablar de las Fake News, en serio

Un buen termómetro para conocer si nuestros fieles profundizan o no y cómo responden a sus impulsos lo podemos encontrar en su reacción cuando reciben un mensaje de las cadenas de noticias falsas que circulan de chat en chat por Whatsapp y las Redes Sociales.

Todos hemos recibido mensajes alarmantes y falsos sobre la salud del Papa o sobre textos que se le atribuyen. No me llama la atención recibirlo de alguna persona con poca trayectoria en la fe, me impresiona que me lo manden cristianos que están en camino desde hace años y que envían informaciones de terceros sin tomarse ninguna molestia en comprobar la fuente, la veracidad o el rigor de lo que reenvían.

Es una irresponsabilidad.

Y lo peor de todo: resta credibilidad a quien lo manda.

Si por algo nos evangelizamos los unos a los otros es por la credibilidad o autenticidad que nos testimonia la vida del otro. Cuando se mandan textos preelaborados con informaciones puramente falsas estamos colaborando a crear confusión en los destinatarios lo que es contrario al espíritu de evangelización del hermano.

Además, contribuimos y multiplicamos la exposición al ruido de nuestros hermanos en la fe y, por tanto, le restamos oportunidades al Espíritu Santo para que pueda tener una palabra en el necesario silencio de cada persona. En una vida moderna ya llena de por sí de estímulos que desvían la atención hacia lo importante, enviar informaciones falsas por la única razón de que no han sido comprobadas es complicarle la labor al Espíritu Santo. En lugar de allanar sus caminos, los complicamos.

Si recibes o sabes de personas que son activas en estas cadenas de mensaje, toma postura al respecto. Lo primero de todo es verificar la fuente. Si alguien te manda algo alarmante, pregúntale acerca de lo que ha enviado, si esa persona desconoce más detalles de lo que manda, elimínalo. Otra opción de verificación es introducir el texto recibido en Google para comprobar si ya hay alguien que haya calificado la información como Hoax o noticia falsa. Si son palabras del Papa, por ejemplo, lo lógico sería pensar que estarán publicadas en la web oficial del Vaticano y se podrán comprobar con facilidad.

Si la persona no resiste el impulso de mandarlo sin una mínima comprobación, es que no tiene una búsqueda sincera de la verdad y sin esto, no hay un verdadero camino de fe tampoco. Aquí el pecado de pereza explica muchas cosas probablemente.

Me llama la atención cuando esto sucede entre personas que son catequistas o tienen responsabilidades pastorales. Notas que no hay un contraste de fuentes.

La vida moderna occidental se caracteriza de forma creciente por una hiperestimulación de los sentidos y los impulsos. Quienes envían este tipo de informaciones tienen como objetivo recabar datos o sembrar la confusión en las personas. Esto último es algo obvio cuando se atribuyen palabras al Papa que él no ha expresado y que, frecuentemente, suelen contener mensajes totalmente contrarios a la fe ocultos bajo capa de bien. Suelen ser textos donde el trigo y la cizaña crecen juntos.

Un creyente en autenticidad contrasta las fuentes y cuanto más lo hace, más afina su discernimiento y más capacidad tiene para detectar cuándo las informaciones chirrían. Si damos por bueno lo primero que nos llega, difícilmente podremos alcanzar la Verdad. Cuando Jesús nos llama a la vigilancia en el Evangelio también nos llamaba a analizar la realidad con sentido crítico. En otro caso, nunca distinguiremos al profeta verdadero del falso y con ello, podemos llegar a tener muchos equívocos sobre la fe.

 

Sucedáneos en la evangelización

Recuerdo que estaba en la celebración de una boda. Era el momento de proclamar la segunda lectura: una carta de San Pablo. A la segunda frase me chirrió profundamente lo que oía. No porque el mensaje no fuera bonito sino porque el estilo y lenguaje de algunas frases no me cuadraba. Al salir de la celebración varias personas comentaron la belleza de lo leído. Mantuve cierto silencio y al cabo de unos días pedí a la novia que me enviara el texto de dicha carta porque “no me sonaba del todo” y me resultaba extraño. Cuando me lo envió confirmé mi intuición: al sacerdote y los novios – con nula formación y proceso – no se le había ocurrido otra cosa que fundir varias partes de una misma carta de San Pablo y añadir frases de cosecha propia.

Ni qué decir tiene que lo proclamaron como Palabra de Dios. Y todo ello en un insigne templo católico de Madrid (seguramente cedido para la ocasión y con sacerdote no habitual).

Es un hecho frecuente que claramente perjudica la Nueva Evangelización de los fieles. La responsabilidad suele ser de cierto tipo de sacerdotes principalmente.

Me refiero a todos esos casos en los que se rebaja la grandeza de las expresiones de la fe previstas en las liturgias en sus diversas formas a base de sustituir lo que la Iglesia tiene aprobado por sucedáneos presumiblemente más digeribles por los fieles.

Sería el caso de la experiencia que he contado o de la sustitución de determinadas plegarias durante la eucaristía por formulaciones propias; el cambio de textos evangélicos por otros adaptados; el cambio de fórmulas como el Credo durante el bautismo por credos de elaboración propia aparentemente más modernos; prescindir de la vestimenta de los sacerdotes que, fuera de casos extraordinarios y sin motivo justificado, prescinden de estolas y casullas al celebrar la misa en pequeños grupos para resultar “más cercanos”.

Y así, poco a poco, se van buscando motivos para ir rebajando y cambiando lo que nos une en la Iglesia por particularismos que suelen ser buena expresión de la ideologizada fe de quienes, sin motivo trascendente, así actúan. Paso a paso, se encargan unos y otros en volver sosa la sal que hemos recibido.

Y generalmente, cuando uno trata de indagar en los motivos para tales cambios, se encuentra con respuestas de lo más oportunistas que lo único que hacen es esconder el afán de quien así hace de sustituir la voluntad de la Iglesia por la suya propia sin encomendarse a nadie.

La explicación que más a menudo he recibido al respecto revela la propia inoperancia del quien la facilita. Me refiero a cuando se alega que se hace por motivos pedagógicos en la idea de que es más fácil o accesible la última ocurrencia del religioso o agente pastoral de turno que el acervo de que disponemos. Y digo tal cosa porque en el fondo lo que se esconde es la falta de esfuerzo en hacer brillar la simbología, liturgia y acervo de nuestra fe; en lugar de hacer un mayor esfuerzo por explicar los significados; por encontrar maneras de resaltar la grandeza de nuestros signos, se opta por atajos y rebajas bajo capa de bien.

Y si esto que comento tiene que ver con la evangelización es porque a causa de dichas maneras de proceder, se va incapacitando a los fieles para asombrarse ante el Misterio; para maravillarse ante formas y modos que lo son porque así lo está queriendo el Espíritu Santo que continuamente inspira a la Iglesia.

El resultado de proceder así es que los católicos pierden su capacidad de asombro; su sensibilidad para lo simbólico; su apertura a trascender lo que ven. Y lo que es más importante: los fieles adquieren la mentalidad de que algunas cosas se pueden relativizar sin más.

En definitiva, tenemos tesoros en la Iglesia que no deben ser sustituidos, sino descubiertos o redescubiertos. Apostemos por recuperar la fuerza de la simbología; la belleza de la liturgia; esforcémonos por hacerlos accesibles, le haremos un mayor favor a nuestra fe; los alejados reconocen más autenticidad en el rigor que en la puesta en escena facilona. No echemos en saco roto la Gracia de Dios como dice San Pablo, de hecho, aprovechémosla.

De hecho, este tipo de cosas nos sitúan ante el verdadero discernimiento: por ejemplo, cuando sustituimos una plegaria de la liturgia en la eucaristía por un bonito poema – por muy místico que sea – es que no nos hemos dado cuenta de varias cosas:

a) La plegaria tiene un sentido, significado y tradición que será difícilmente igualable por un poema;

b) Si lo sustituimos porque pensamos que “queda mejor” o “será más accesible al pueblo de Dios” es que el problema es nuestro por no saber hacer llegar la trascendencia de la plegaria. Es decir, el problema es nuestro, no de la liturgia.

c) El poema místico puede ser un buen medio en otro contexto que probablemente no se esté utilizando debidamente: puede ser idóneo para una paraliturgia o para un encuentro catequético o para alguna dinámica kerygmática. Pero claro, todo esto, exige más trabajo.

Lo mismo puede suceder con el autoengaño de que no llevar las vestimentas sacerdotales en la misa en celebraciones más íntimas bajo el pretexto de ser “más cercanos”, en realidad, oculta el hecho de que el sacerdote no necesita ser “más cercano” en ese momento si lo es habitualmente. En cambio, está restando solemnidad, hay una pérdida de simbología, una mundanización de lo sagrado…

Se confunde el abajamiento con el rebajamiento. El matiz es importante.

Es decir, a cada medio le corresponde su momento, lugar, contexto… no se trata de negar la creatividad, se trata de aplicarla donde se debe.

Por qué considero que es más evangelizador que los niños que celebran la Primera Comunión lleven un alba o túnica en lugar de traje de marinero o de princesa

La respuesta corta es muy sencilla: el alba es un signo que revela aspectos importantes de la condición de cristiano y ayuda a crear conciencia para caer en la cuenta de ello, mientras que el traje de marinero o de princesa es una manifestación de la secularización que rodea este sacramento.

Así es, no se trata de una vuelta a un tradicionalismo o historicismo de determinado tipo; se trata más bien de apostar por aquello que verdaderamente ayuda a centrarse en el sentido del sacramento que se celebra y, por ello, a apartarse de aquello que dispersa de dicha atención.

La túnica o alba nos lleva a Jesús, el traje de princesa es postureo.

Si nos detenemos un momento a repasar las celebraciones de comunión a las que hayamos podido asistir habremos notado que, en general, los niños no suelen acudir con el mismo vestido. De manera general, en España, los niños van con traje de “marinerito”, traje normal o simplemente bien vestidos; las niñas, por su parte, suelen ir ataviadas de forma que evoca claramente a una novia o a una princesa de otros tiempos.

Con una simple búsqueda se puede constatar cómo las revistas y Medios de moda y de tendencias le han dado un espacio propio a este tipo de vestimenta hasta el punto de darle más importancia a este elemento accesorio que a la propia celebración por el que se llevará. Y cuando comprobamos que ya se habla de “colecciones” de temporada, podemos afirmar que ya se nos ha escapado de las manos y que el tema no puede seguir por más tiempo. Se trata, de hecho, en un ejemplo típico de cómo la secularización y el “espíritu de este mundo” se cuela por las rendijas de la fe católica; de la Iglesia, vaciando de contenido sus momentos y vivencias más importantes convirtiendo lo que son medios en fines, es decir, exagerando la importancia de lo que no deja de ser un instrumento para acercarse a Dios.

Del mismo modo que uno no ve “colecciones” de vestiduras de sacerdotes y religiosos, tampoco debería ver colecciones de trajes de comunión con catálogos donde los niños posan como si fueran modelos y donde claramente se aprecia que el objetivo es presumir y no el paso que se va a dar.

Por eso propongo que convirtamos en el “nuevo normal” el vestir a los niños y niñas con una túnica o alba y otras razones para ello serían estas:

Los niños van todos iguales lo que es importante no tanto por un afán de igualitarismo sino porque les recuerda que son todos igualmente dignos hijos de Dios.

Frente a cualquier despiste de los padres buscando proyectar su necesidad de ser reconocido por los demás vistiendo a sus hijos para ser admirados, hacerlo con una túnica evita contribuir a este desorden.

El carácter simbólico del alba juega un papel de enorme trascendencia pues:

  • Así como en el sacerdote es un signo de su vocación a la pureza y a su necesidad de ser purificado, el niño que porte una túnica porta en sí mismo toda una catequesis sobre lo que va a celebrar.
  • Vestirse con una túnica es mucho más que ataviarse, es “revestirse” de la novedad de ser cristiano.
  • Cada vez es más frecuente que los niños varones no lleven ningún traje sino que directamente se les pone guapos pero con cualquier vestimenta que hayan elegido los padres. En cambio, con una túnica se asegura que el color será el blanco con toda la fuerza simbólica que tiene.

Del mismo modo que los Abogados y Procuradores disponen de Salas de Togas en los Tribunales de Justicia, las parroquias y colegios donde se celebran todos los años los sacramentos pueden disponer de túnicas de diversos tamaños que eviten a los padres tener que gastar dinero solamente para esta celebración lo que supone vivir la austeridad propia de un espíritu vigilante en la fe.

Que todos los niños vayan igual no deja de ser también un signo de pobreza, evangélicamente entendida, a la que todo católico está llamado.

Finalmente, yo creo que de esta manera se contribuye a que el sacramento se reciba con una disposición más adecuada armonizando adecuadamente las dimensiones “ex opere operator” y “ex opere operantis” cuidando también en este aspecto la disposición de los niños que darán el paso.

Por tanto, apostar por túnicas o albas de estas características permite a los niños y a la asamblea percibir mejor la importancia de lo que se está celebrando; estar centrado en lo verdaderamente importante y evitar las tentaciones de obsesionarse con aspectos banales que alejan al niño y su familia de lo que es central en la fe y, en definitiva, ayuda a los niños a catequizarse a través del gesto de revestirse de manera adecuada todo lo cual se pierde si se sigue permitiendo que cada familia haga lo que quiera.

Existen parroquias, como la de Cristo Sacerdote en Madrid o colegios como el Colegio de Jesús, que ya han empezado a establecer esta pauta de manera clara.

[Actualización]

Aunque apuntaba levemente hacia ello más arriba, quizá no está muy desarrollada la idea de que con esta apuesta por revestir así a los niños en la comunión no planteo una vuelta a una sociedad de cristiandad imposible, ni tampoco es una añoranza, es, más bien, una apuesta por la fuerza simbólica de nuestra fe concretada en este elemento y para ese momento.

Desde luego, con esto no hemos terminado la evangelización de padres y niños que abarca mucho más. El planteamiento lo enmarco más bien en la necesidad de hacer que todos los detalles posibles hablen de Dios, sabiendo, con humildad, que, a su vez, debe formar parte de un planteamiento evangelizador de las familias más amplio.

Como apunte destacar que siempre cabrá la posibilidad de que las familias lleven a los niños como quieran pero en el momento de la celebración se revistan de la misma condición. Después se quitarán el alba y podrán continuar la festividad como deseen. Ahí se verá también quién apuesta por la esencia y quién no. Lo que no es mal ni bueno, simplemente nos indicará en qué momento de proceso de fe está cada familia. Al fin y al cabo, la fe es tomar opciones y es en las opciones (por sus obras los reconoceréis), como valoramos la fe de los demás normalmente.

Finalmente, comentar que lo que me motiva a hablar de este tipo de cosas tan concreto no es por una ortodoxia rígida o mal entendida sino porque tengo la profunda convicción de que la evangelización nos la jugamos en todos los detalles y muchas veces en los que más se nos pasan desapercibidos y relativizamos.