Métodos de evangelización

Para convocar no basta informar, hay que motivar y conectar

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La evangelización nos la jugamos en los detalles. Los santos de la Iglesia y los hombres de vida lograda, como diría Benedicto XVI, nos lo demuestran con su manera de proceder. Y es la falta de detalles – y aún diría de un sano sentido de perfección – la que impide que muchas veces lleguen los frutos que el Espíritu Santo desea para nuestro apostolado.

Uno de esos detalles se aprecia frecuentemente en las parroquias y otros ámbitos tradicionales. Las convocatorias y anuncios para las celebraciones importantes en la vida del cristiano se reducen a meros comunicados sin alma que únicamente sirven a los que ya tienen decidido acudir pero que no invitan a acercarse a quienes aún no han encontrado la inspiración suficiente para hacerlo.

Efectivamente, nuestras invitaciones al finalizar la misa ni suscitan ni inspiran. De hecho, pierden su nombre y más que invitaciones o convocatorias las hemos reducido a AVISOS. A veces parecemos contestadores automáticos. Si embargo, si queremos tener una palabra que lleva a la Vida, la debemos expresar y transmitir dando vida.

Por ello, como decíamos en el título de este artículo, no se trata de informar, se trata de motivar. Parafraseando a Bill Bernbach cuando dice que “Una idea importante que no sea comunicada persuasivamente equivale a no haber tenido idea alguna”, podríamos decir que toda actividad no comunicada persuasivamente equivale a no haberla anunciado.

Una idea importante que no sea comunicada persuasivamente equivale a no haber tenido idea alguna

Bill Bernbach

Recurrir a la semántica de las palabras también nos puede ayudar. Según la RAE, motivar significa dar causa o motivo para algo, mientras que informar sería dar noticia de algo simplemente. Se ve el matiz ¿no?. En el segundo caso damos por hecho que la gente ya está motivada y en el primero, en cambio, hacemos un esfuerzo añadido por inspirar a nuestros destinatarios y lograr que acudan a ese espacio, actividad, liturgia o evento donde se puedan encontrar con el Señor.

El problema de la mayor parte de la pastoral que se hace hoy día es el CONFORMISMO. Esa inercia que hace que todo siga igual y nada cambie. Donde existe una multitud de bautizados que aún no se han encontrado conscientemente con el Señor o no han puesto nombre a la experiencia. Muchas veces se reflejan en cuestiones tan sencillas como éstas. Y los destinatarios de la Nueva Evangelización (tanto la periferia como los bautizados creyentes de etiqueta), lo notan.

Tenemos que hacer un esfuerzo por salir de nuestra “Zona de Confort” porque lo que comunicamos es una Palabra Viva que no puede transmitirse sin emoción. Resulta fácil salir al ambón de la Iglesia a leer el papel que nos presenten, pero nos cuesta más hacerlo propio para expresarlo como parte de nuestro ser. Se trata de tocar el corazón con lo que tenemos que es mucho.

SON LOS DETALLES LOS QUE MARCAN LA DIFERENCIA DE LA PASTORAL.
Pensémoslo y recordemos qué experiencias hemos tenido que nos han satisfecho o entusiasmado más. Normalmente serán aquellas donde hemos sentido que se habían cuidado mucho los detalles.

Consejos para para motivar y conectar al comunicar:

  • Si no eres tú quien lo hará, elige a la persona que debe anunciar, no se trata de localizar un buen lector, se trata de contar con alguien que proclame;
  • Ofrece una razón concreta para acudir a la convocatoria;
  • Busca que el motivo concreto tenga relación con necesidades determinadas de los destinatarios;
  • Huye de los “comunicados” impersonales tanto en el fondo como en la forma. El texto puede estar bien escrito pero si no tiene vida, la gente desconecta salvo que tenga un interés previo; introduce adjetivos adecuados para “colorear el mensaje”;
  • Trata de no leer, intenta expresar de viva voz – sin improvisar – aquello a lo que quieres invitar, anunciar;
  • Dirígete a tus destinatarios con cercanía, expresando afecto o reflejando la gran familia y los vínculos que os unen;
  • Invocando una breve trayectoria o precedente;
  • Citando a una persona de la parroquia con nombre y apellidos;
  • Usa el lenguaje no verbal: sonríe, mira a la gente que te escucha de vez en vez, usa la inflexión de la voz, las pausas…
  • Crea expectativa y expectación para preparar al oyente – captar su atención – a oir lo que quieres transmitirle. Es decir prepara la tierra para que ésta sea sembrada.
  • Busca abrir los sentidos del oyente con tu comunicación, valora acompañarte de un vídeo, música u otro material si el contexto lo permite y siempre que no sea inoportuno;
  • Prepárate antes unos momentos y pide ayuda al Espíritu Santo de modo que “sucede con la palabra que sale de mi boca: ella no vuelve a mí estéril, sino que realiza todo lo que yo quiero y cumple la misión que yo le encomendé” (Isaías 55, 11).