Claves

La cabalgata del distrito de Barajas y la evangelización de las estructuras

En la víspera de la fiesta de la epifanía de los Reyes Magos, fuimos a la cabalgata que transcurría por el distrito de Barajas. Ya habíamos ido otros años pero cada vez nos gustaba menos y éramos reticentes a volver. Tras un año en blanco por el mal tiempo del precedente, decidimos acudir una vez más.

Las expectativas eran bajas puesto que en esos años precedentes habíamos asistido a una progresiva banalización de la cabalgata, así como una ocupación de este evento por parte de grupos y entidades totalmente ajenas a lo celebrado y tendentes a la secularización de una fiesta eminentemente religiosa. Este año fué todo muy distinto. Eso sí, hemos de decir, que es una cabalgata muy reducida a la que se asiste durante unos minutos cosa que, por otro lado, está muy bien también.

Según íbamos viendo pasar a las “carrozas”, nos fuimos sorprendiendo en que la tónica general era que se mantenía el espíritu religioso de este ritual callejero: la música era predominantemente navideña e incluso con diversos villancicos españoles sonando; los intervinientes en la marcha, ataviados con ropajes de Oriente Medio de aquella época o que recordaban a aquello al menos; los niños vestidos de ángeles y pastores preferentemente; las batucadas animaban pero no distorsionaban tanto y sus músicos iban ataviados bastante a tono también.

Hasta ahí algunos datos objetivos. Si me atrevo a escribir de nuevo sobre esta cuestión tras el artículo del año pasado (y sin cuestionar este en lo que proceda), es porque la experiencia también supuso una evangelización personal. No tanto porque la cabalgata nos permitiera asistir a un auto sacramental desde el que contemplar el misterio de la adoración de los reyes, como por el hecho mismo de lo que podría haber en el origen de tal cambio.

El caso es que algunas personas que vimos como colaboradoras eran conocidas y a través de ellas supimos algo más de la intra historia de esta cabalgata: una de las razones del cambio a mejor la había tenido que el gobierno municipal se había reunido con los interlocutores del distrito tras la del año anterior. Dicha ocasión había sido aprovechada por los vecinos para hacer llegar su malestar por la desacralización de la cabalgata de entonces pero aún más para utilizar la vía que se abría de hacer propuestas de mejora.

Ello se tradujo en que dos colegios de la zona muy conocidos aportaron su propia carroza (realmente bien realizada) con ayuda de empresas locales y otro tercer colegio, al menos, promovió la participación del centro con personas del mismo.

Como apuntaba en el titular, es un buen ejemplo de varias cosas. Una de ellas, que participar en las estructuras es imprescindible para evangelizarlas; que se puede pasar de la queja a la toma de partido y, como decíamos el año pasado, pero a la inversa, que si no queremos un socialización secularizada de la fe, debemos tomarnos la molestia de intervenir, proponer, aportar o incluso tutelar.

Sin perjuicio de que los cristianos debemos apostar por celebraciones más contemplativas, tampoco debemos descuidar estas manifestaciones que ya existen. Es importante notar, además, que todo ello ha sido posible en un contexto donde la participación y el entendimiento ha tenido lugar entre clases sociales de todo el rango y planteamientos ideológicos de todo el espectro. Ha sido un buen signo para caer en la cuenta de lo importante que es la presencia activa en las instituciones y en los canales que están abiertos o que se pueden aperturar.

Personalmente salí evangelizado de la experiencia pero, esta vez, al darme cuenta de mi propia falta de participación en este ámbito. Os invito a todos los que esteis leyendo esto a que le deis una pensada por si está en vuestra mano formar parte de este modo en la sociedad civil y, en concreto, en relación a esta expresión de nuestra querido festejo.