Claves

La socialización de la fe en lugar de la celebración de la fe. Necesitamos un cambio de paradigma

La socialización de la fe nos ha traído cabalgatas con Drag Queens: necesitamos una nueva vivencia comunitaria de la fe y la Navidad.

No deberíamos dejar pasar las fiestas sin hacernos una reflexión sobre lo acontecido en la cabalgata de Vallecas. Para quien no conozca el hecho lo resumimos: en la cabalgata de reyes de Villa de Vallecas (Madrid), una de las carrozas estaba abanderada por el movimiento LTGB, al llevar encaramada a una Drag Queen, llamada “La Prohibida”, y a otras dos artistas de Cabaret. Evidentemente había una finalidad ideológica que nada tenía que ver con el mensaje de la Fe católica. Y, así, se justificó su presencia al calificarse como la carroza de la diversidad y la pluralidad. Como las cabalgatas tienen público infantil, rápidamente se buscó un argumento para justificar que los niños vieran un contenido claramente adulto: “La idea que tenemos es concienciar a los niños contra el bullying escolar y los delitos de odio contra los menores de edad, por eso estoy aquí. Nuestro mensaje es el de la pluralidad y la diversidad no sexual sino afectiva”.

El periódico El Mundo ponía el acento correctamente al comenzar de esta manera un artículo que lo comentaba “No había siquiera empezado la Cabalgata de los Reyes Magos de Puente de Vallecas y la instantánea definía a la perfección lo que ha sido esta semana: varias cámaras de televisión y móviles dirigían sus focos a La Prohibida mientras el Rey Baltasar pasaba por detrás de los reporteros sin pena ni gloria”.

Quédense con esta frase final y lapidaria “el Rey Baltasar pasaba por detrás de los reporteros sin pena ni gloria”. Lo poco que quedaba de manifestación de la fe en las cabalgatas, ya quedó reducido a la irrelevancia. Cuando hablo de irrelevancia no me refiero a la notoriedad, queremos hacer referencia a la significatividad.

Esta pérdida de significatividad se apreciaba también en la campaña de la Comunidad de Madrid al usar la imagen de los Reyes Magos para promover el uso del metro, unido a la leyenda “Soy parte del movimiento que te lleva a la cabalgata”.

Pero este texto no es para extendernos en una también necesaria reflexión crítica hacia los Poderes Públicos de dicha localidad y los que luego lo han apoyado, como la presidenta regional de la Comunidad de Madrid, a la cual, según sus propias palabras el debate le parecía “una chorrada”.

No. Esta meditación es una interpelación directa a los católicos y al corazón de los creyentes que se ponen en camino de corazón.

Porque esto sucede cuando no vivimos las cosas bien. La Navidad no la robó el Grinch, la hemos entregado nosotros solos. Siguiendo a San Pablo, estamos dejando, o hemos dejado, que la Gracia caiga en saco roto (Corintios (6, 1-10). Durante décadas, bajo capa de bien, se fue permitiendo una socialización de la fe y ahora, de aquellos polvos, estos lodos.

Por socialización de la fe queremos expresar toda aquella manifestación propia de la fe y perteneciente a la Iglesia que se ha transferido a la esfera pública; particularmente, la que se ha dejado bajo el control de los Poderes Públicos o fácticos del momento. De manera que hemos entregado el Misterio de la Navidad a quienes no sabían valorarlo, porque no les correspondía, y éstos, en su propia lógica, lo han vaciado de significado y de vida.

Este proceso de abdicación individual y comunitaria en la Iglesia, ha sido aprovechado por los adversarios de la fe que han aplicado su eficaz estrategia de tres fases: adoptar, extender y extinguir. El proceso consiste en que en un primer momento se “adopta” un estándar, en este caso el católico, incorporándose a su ámbito, después, bajo capa de bien asumiendo algunos de esos valores por conveniencia y normalmente los que son tangenciales (lo familiar, los buenos deseos…), lo “mejora” o “amplía” añadiendo elementos propios incompatibles con el paradigma original (Las reinas republicanas); y termina “extinguiendo” el original al imponer sus propios criterios por medio de su dominio de los medios.

De hecho, ¿Por qué no he leído en ningún sitio que nadie se cuestione que una Cabalgata de Reyes pueda ser algo que se pueda organizar fuera de la Iglesia Católica y sin el control de ésta?.

La Cabalgata ha sido la expresión más extrema pero no la única. A dondequiera que uno mirara podía ver cómo bajo el término Navidad se escondían constantes ofertas comerciales; cómo se han venido sustituyendo los símbolos cristianos por los paganos y muy acentuadamente los más propios del capitalismo rampante: el consumismo y el relativismo (Para despejar cualquier suspicacia, el que suscribe no es anticapitalista y valora el liberalismo económico en lo que vale, que es mucho). La Navidad ya no es Jesús que llega sino que es un tal Noel, paisajes nevados, adornos de colores vivos y muchos otros envoltorios.

Ahora mismo el concepto de la Navidad “lo aguanta todo” y ha quedado vacío de contenido prácticamente.

Pero como veníamos diciendo, no se trata de criticar solo a todo ese mundo pagano que, sin perjuicio de su falta de respeto, lo cierto es que actúa movido sin rumbo al ritmo de sus pulsiones en una gran y negligente ignorancia; se trata más bien de interpelarnos a los creyentes que realmente nos ponemos en camino (De hecho, excluyo a los creyentes sociológicos o de etiqueta que menciona San Pablo pues no pueden sostener lo que no son capaces de admirar aún).

La medianía de nuestra fe también se ha dejado impregnar y llevar por todos esos mensajes de falsos profetas. También hemos caído en todo lo que envuelve ahora a la Navidad y nos hemos olvidado de lo que envuelve el nacimiento del niño-Dios.

No nos equivocaremos mucho si decimos que gran parte de las fiestas navideñas de los padres católicos han consistido en preparar comilonas, organizar regalos y reducir la natividad a un momento familiar.

¿Cuántas parroquias, cuántos movimientos, cuántas comunidades; cuántos grupos de fe han hecho un planteamiento auténtico para la fiesta del nacimiento de Jesús?. Hoy día la fiesta de la Navidad es la Misa de Gallo. Y para algunos más, la bendición papal.

No es suficiente.

Si por algo se está caracterizando el pontificado de Francisco es por su gran énfasis en lo pastoral. Lo pastoral, por su definición, es promover aquello que ayuda especialmente a tener un encuentro con el Misterio. Nos atrevemos a decir que la manera de celebrar el nacimiento de Jesús de los católicos es totalmente insuficiente a día de hoy y que hacen falta planteamientos más amplios e integrales que lo que existe actualmente. Y esto tanto a nivel individual como institucional. De hecho, debería empezar por lo institucional para que pueda permearse hacia el Pueblo de Dios una vivencia auténtica de lo que celebramos.

Una experiencia de los últimos años: padres que buscan alternativas eclesiales para poder celebrar estos días con los niños. No existen y no las encuentran. En cambio, hay oferta secular de otras muchas cosas que confunden a los menores. Los niños tienen que hacer un esfuerzo mayor, hoy día, para entender que la Navidad es Jesús que viene y no dibujos animados estilo navideño. Esto sucede. Otra experiencia: uno quiere llevar a los niños a ver a los Reyes Magos pero ya no es posible: las cabalgatas se han llenado de cosas que no solamente cuentan la fe sino que alejan de ella. Y una constatación: los fieles no encontramos alternativas fácilmente. Resultado: en lugar de acudir a las fuentes, acudimos a los sucedáneos para tener algo parecido pensando que es mejor que nada (evidentemente es mejor nada). Este año fué una alegría que lloviera en Madrid porque así algunos padres tuvieron la excusa perfecta para no ir a la cabalgata de turno y evitarles a los niños que vieran lo que ven.

Básicamente, necesitamos una mayor intimidad e intimismo y unos espacios religiosos propios del tiempo de mayor intensidad. Nos referimos a que deberíamos plantearnos, como Pueblo de Dios, un cambio de paradigma para volver a uno más original o auténtico: pasar de unas fiestas menos familiares a unas más comunitarias; pasar de las Cabalgatas a los Autos Sacramentales; pasar de tanta música de ascensor “navideña” a un mayor silencio y retiro; pasar de los ritos seculares a nuevas paraliturgias que permitan una mayor vivencia. ¿Cómo vamos a recibir el Misterio con tanta distracción, con tanta atención dispersa en lo que no es central de lo que se celebra?.

En definitiva, necesitamos un programa para la Navidad y necesitamos que los sacerdotes, especialmente, lideren un nuevo dinamismo de autenticidad generando dichos espacios y facilitando las cosas en extremo a los feligreses en camino. Esta iniciativa es un desafío, así que necesitamos sacerdotes que sepan arriesgar, que sepan confiar, porque lo que está claro es que el riesgo del fracaso es grande si lo medimos en términos cuantitativos pero puede ser un éxito cualitativo, al fin y al cabo somos levadura y no masa, si conseguimos que unos pocos traten de vivir en verdadera disposición interna y externa (muchos los llamados pocos los escogidos).

Para no quedarnos en la mera crítica, nos atrevemos a hacer algunas propuestas para lo sucesivo: que cada arciprestazgo tenga por objetivo pastoral anual la promoción de un Auto Sacramental para la víspera de Reyes; cartas de los obispos en esas fechas donde promuevan la participación de los fieles en un programa de espacios específicamente religiosos controlados por los creyentes exclusivamente; un programa en las parroquias, comunidades y grupos religiosos que promueva celebraciones más religiosas y menos convencionales; facilitar materiales a los feligreses para que éstos puedan interiorizar mejor; paraliturgias complementarias a las liturgias especialmente previstas para esos días. A la vez, los autos sacramentales que ya existen deberían ser supervisados y coordinados en gran medida por la autoridad religiosa local en colaboración con los poderes fácticos dejando siempre la iniciativa a la primera y no a los segundos.

No estamos teorizando. Quien suscribe estas palabras promovió un par de años una paraliturgia en una capilla en una parroquia escasas horas antes de la cena de Nochebuena. Vinieron pocos pero no importaba, como no importó hace 2000 años que fueran unos pocos pastores los que acudieron al portal en primer lugar. Este tipo de iniciativas tienen que ser propuestas y lideradas por los sacerdotes en las parroquias y deben confiar porque lo norma será que obtengan poca respuesta. Pero no lo hicimos y no lo hacemos por el éxito cuantitativo, lo hacemos porque es lo que necesitamos.

Estas ideas pueden ser más o menos oportunas; mejor o peor realizables, más o menos acertadas pero lo relevante no es eso, porque concretar lo que sería adecuado vendrá después, lo esencial es ponerse en camino nuevamente porque no nos damos cuenta pero vivimos como si estuviéramos en el destierro del Pueblo de Israel y hubiéramos perdido el templo y estuviéramos sometidos y lo que es un pecado es que seamos nosotros los que lo permitamos porque nos estamos olvidando de Dios y lo que Dios nos pide.