Por qué considero que es más evangelizador que los niños que celebran la Primera Comunión lleven un alba o túnica en lugar de traje de marinero o de princesa

La respuesta corta es muy sencilla: el alba es un signo que revela aspectos importantes de la condición de cristiano y ayuda a crear conciencia para caer en la cuenta de ello, mientras que el traje de marinero o de princesa es una manifestación de la secularización que rodea este sacramento.

Así es, no se trata de una vuelta a un tradicionalismo o historicismo de determinado tipo; se trata más bien de apostar por aquello que verdaderamente ayuda a centrarse en el sentido del sacramento que se celebra y, por ello, a apartarse de aquello que dispersa de dicha atención.

La túnica o alba nos lleva a Jesús, el traje de princesa es postureo.

Si nos detenemos un momento a repasar las celebraciones de comunión a las que hayamos podido asistir habremos notado que, en general, los niños no suelen acudir con el mismo vestido. De manera general, en España, los niños van con traje de “marinerito”, traje normal o simplemente bien vestidos; las niñas, por su parte, suelen ir ataviadas de forma que evoca claramente a una novia o a una princesa de otros tiempos.

Con una simple búsqueda se puede constatar cómo las revistas y Medios de moda y de tendencias le han dado un espacio propio a este tipo de vestimenta hasta el punto de darle más importancia a este elemento accesorio que a la propia celebración por el que se llevará. Y cuando comprobamos que ya se habla de “colecciones” de temporada, podemos afirmar que ya se nos ha escapado de las manos y que el tema no puede seguir por más tiempo. Se trata, de hecho, en un ejemplo típico de cómo la secularización y el “espíritu de este mundo” se cuela por las rendijas de la fe católica; de la Iglesia, vaciando de contenido sus momentos y vivencias más importantes convirtiendo lo que son medios en fines, es decir, exagerando la importancia de lo que no deja de ser un instrumento para acercarse a Dios.

Del mismo modo que uno no ve “colecciones” de vestiduras de sacerdotes y religiosos, tampoco debería ver colecciones de trajes de comunión con catálogos donde los niños posan como si fueran modelos y donde claramente se aprecia que el objetivo es presumir y no el paso que se va a dar.

Por eso propongo que convirtamos en el “nuevo normal” el vestir a los niños y niñas con una túnica o alba y otras razones para ello serían estas:

Los niños van todos iguales lo que es importante no tanto por un afán de igualitarismo sino porque les recuerda que son todos igualmente dignos hijos de Dios.

Frente a cualquier despiste de los padres buscando proyectar su necesidad de ser reconocido por los demás vistiendo a sus hijos para ser admirados, hacerlo con una túnica evita contribuir a este desorden.

El carácter simbólico del alba juega un papel de enorme trascendencia pues:

Así como en el sacerdote es un signo de su vocación a la pureza y a su necesidad de ser purificado, el niño que porte una túnica porta en sí mismo toda una catequesis sobre lo que va a celebrar.

Vestirse con una túnica es mucho más que ataviarse, es “revestirse” de la novedad de ser cristiano.

Cada vez es más frecuente que los niños varones no lleven ningún traje sino que directamente se les pone guapos pero con cualquier vestimenta que hayan elegido los padres. En cambio, con una túnica se asegura que el color será el blanco con toda la fuerza simbólica que tiene.

Del mismo modo que los Abogados y Procuradores disponen de Salas de Togas en los Tribunales de Justicia, las parroquias y colegios donde se celebran todos los años los sacramentos pueden disponer de túnicas de diversos tamaños que eviten a los padres tener que gastar dinero solamente para esta celebración lo que supone vivir la austeridad propia de un espíritu vigilante en la fe.

Que todos los niños vayan igual no deja de ser también un signo de pobreza, evangélicamente entendida, a la que todo católico está llamado.

Finalmente, yo creo que de esta manera se contribuye a que el sacramento se reciba con una disposición más adecuada armonizando adecuadamente las dimensiones “ex opere operator” y “ex opere operantis” cuidando también en este aspecto la disposición de los niños que darán el paso.

Por tanto, apostar por túnicas o albas de estas características permite a los niños y a la asamblea percibir mejor la importancia de lo que se está celebrando; estar centrado en lo verdaderamente importante y evitar las tentaciones de obsesionarse con aspectos banales que alejan al niño y su familia de lo que es central en la fe y, en definitiva, ayuda a los niños a catequizarse a través del gesto de revestirse de manera adecuada todo lo cual se pierde si se sigue permitiendo que cada familia haga lo que quiera.

Existen parroquias, como la de Cristo Sacerdote en Madrid o colegios como el Colegio de Jesús, que ya han empezado a establecer esta pauta de manera clara.