Iniciativas

Evangelizar la famillia al preparar el Belén

Con la llegada del Adviento publicamos una iniciativa evangelizadora propia de este tiempo litúrgico, como es el diseñar, preparar e instalar el Belén familiar.

Lamentablemente, el tiempo que precede a la Navidad tiende a ser instrumentalizado con intereses mercantiles e incluso los creyentes podemos dejarnos cautivar por los mensajes comerciales, alejándonos del sentido auténtico y la esencia del Adviento como tiempo de espera al nacimiento del Niño Dios. Nos corresponde a los creyentes recuperar el espacio cedido y situar el verdadero sentido del Adviento en el centro de todo. Una manera muy oportuna de hacerlo es ligarlo a la preparación del Belén.

A los creyentes que conviven con personas que no lo son se nos ofrece la oportunidad de hacer visible a Dios en el hogar. Basado en nuestra propia experiencia compartimos algunas ideas para acercar a nuestros familiares no creyentes a Jesús en tiempo de Adviento y Navidad:

Conferir al Belén familiar un papel preeminente y convertirlo en tradición que arraiga en el tiempo: no es una tarea de un momento llevada a cabo por unos pocos, sino un evento familiar, una ‘cita’ esperada por todos y cuyo disfrute dura varios días

Implicar a toda la familia: es el Belén de todos y todos participan aportando lo mejor de sí mismos

Dar sentido al Adviento: Hay un tiempo para cada cosa y el montaje del Belén como signo de preparación y espera va vinculado al Adviento. Este esperar aún cuando ya se habla de que la Navidad está próxima y los escaparates y las calles anticipan su decoración genera expectación, porque sabemos que no es tiempo aún pero está muy cerca el momento de compartir las ideas que hemos ido pensando durante el año. De igual modo si se empieza demasiado tarde no nos estamos preparando adecuadamente para la llegada de Jesús. De este modo el Adviento se convierte en un tiempo esperado por todos que marca el inicio de una tarea que es prioridad, y cuando llega, es tiempo de disfrute y alegría.

Rigor creativo a la luz del Evangelio: leer los pasajes e investigar qué detalles nos dan los Evangelios para hacer una representación coherente. Supone una oportunidad preciosa de conocer qué se dice pero también qué significan los detalles: ‘nacer en un pesebre porque no había sitio en la posada’, ‘oro, incienso y mirra’, etc.

Hay multitud de escenas que se pueden incorporar al Belén: el propio nacimiento de Jesús, pero también la adoración de los Reyes, la anunciación a los pastores, la visita a Herodes… para profundizar más en el sentido de cada una recomendamos escenificar cada año un único pasaje e ir ampliando año a año, como si se tratara de viñetas de un comic que se van sumando. A cada escena se le puede dar un título y acompañar con un extracto del relato del Evangelio que lo narra.

Disfrutar: hacer de la preparación del Belén un tiempo de calidad en familia, reforzando el cariño y la unión de esfuerzos en un objetivo común. Es un modo de orar trabajando, ofreciendo al Niño Jesús nuestra tarea.

El Belén como medio de emplear nuestros dones: somos partidarios de “hacer” más que de comprar y colocar piezas, porque ello implica pensar, probar, buscar materiales y compartir ideas. Así, quien sabe hacer dioramas preparará su mejor versión, quien sabe pintar, modelar, escribir con letra artística, etc. lo hará con esmero. Como el Tamborilero del famoso Villancico, cada uno aporta su don a Jesús.

Ponernos a nosotros mismos en el Belén: cada uno de nosotros se hace presente a través de su propia figura, eligiendo el personaje que quiere ser, su lugar en la escena.

Contemplar: cuando el Belén es obra nuestra lo miramos de otro modo, con mayor cariño, y en lugar de algo estático vemos una historia viva que pasa, historia que conocemos con todos los detalles y que hemos contado con nuestras propias manos. Conocemos a cada personaje, lo que dice y siente.

Adicionalmente se puede colocar una corona de Adviento con 4 velas que vayamos iluminando progresivamente y que nos recuerdan que la Navidad está cerca.

Creemos que hay una diferencia sustancial en preparar el Belén como hemos descrito, en el que abunda la lectura del Evangelio, la fidelidad al texto, el compartir familiar, en suma, donde los creyentes y no creyentes ponen sus talentos y cariño en preparar un hogar para el Niño Dios.

Deseamos que esta iniciativa dé abundantes frutos de acercamiento a la persona de Jesús en vuestros hogares y gocéis viendo cómo también los no creyentes se implican con ilusión y entrega, y cómo el Adviento y la Navidad empieza a ocupar un lugar en su vida: haciendo notar que los centros comerciales están adornados a destiempo ‘todavía no es Adviento’, impacientes por empezar ‘falta solo una semana!, o sorprender con ‘mi regalo esta Navidad es hacer el Belén’. Lo cierto es que el Adviento y Navidad pasan de ser algo ajeno y vacío de significado a algo conocido, cercano y vivido intensamente.

Compartir alrededor del Belén no hará que los no creyentes se conviertan a la Fe, pero sí Jesús se hace más conocido y presente en sus vidas, y no se puede amar lo que no se conoce.

Elena R.