Tenemos que hablar de las Fake News, en serio

Un buen termómetro para conocer si nuestros fieles profundizan o no y cómo responden a sus impulsos lo podemos encontrar en su reacción cuando reciben un mensaje de las cadenas de noticias falsas que circulan de chat en chat por Whatsapp y las Redes Sociales.

Todos hemos recibido mensajes alarmantes y falsos sobre la salud del Papa o sobre textos que se le atribuyen. No me llama la atención recibirlo de alguna persona con poca trayectoria en la fe, me impresiona que me lo manden cristianos que están en camino desde hace años y que envían informaciones de terceros sin tomarse ninguna molestia en comprobar la fuente, la veracidad o el rigor de lo que reenvían.

Es una irresponsabilidad.

Y lo peor de todo: resta credibilidad a quien lo manda.

Si por algo nos evangelizamos los unos a los otros es por la credibilidad o autenticidad que nos testimonia la vida del otro. Cuando se mandan textos preelaborados con informaciones puramente falsas estamos colaborando a crear confusión en los destinatarios lo que es contrario al espíritu de evangelización del hermano.

Además, contribuimos y multiplicamos la exposición al ruido de nuestros hermanos en la fe y, por tanto, le restamos oportunidades al Espíritu Santo para que pueda tener una palabra en el necesario silencio de cada persona. En una vida moderna ya llena de por sí de estímulos que desvían la atención hacia lo importante, enviar informaciones falsas por la única razón de que no han sido comprobadas es complicarle la labor al Espíritu Santo. En lugar de allanar sus caminos, los complicamos.

Si recibes o sabes de personas que son activas en estas cadenas de mensaje, toma postura al respecto. Lo primero de todo es verificar la fuente. Si alguien te manda algo alarmante, pregúntale acerca de lo que ha enviado, si esa persona desconoce más detalles de lo que manda, elimínalo. Otra opción de verificación es introducir el texto recibido en Google para comprobar si ya hay alguien que haya calificado la información como Hoax o noticia falsa. Si son palabras del Papa, por ejemplo, lo lógico sería pensar que estarán publicadas en la web oficial del Vaticano y se podrán comprobar con facilidad.

Si la persona no resiste el impulso de mandarlo sin una mínima comprobación, es que no tiene una búsqueda sincera de la verdad y sin esto, no hay un verdadero camino de fe tampoco. Aquí el pecado de pereza explica muchas cosas probablemente.

Me llama la atención cuando esto sucede entre personas que son catequistas o tienen responsabilidades pastorales. Notas que no hay un contraste de fuentes.

La vida moderna occidental se caracteriza de forma creciente por una hiperestimulación de los sentidos y los impulsos. Quienes envían este tipo de informaciones tienen como objetivo recabar datos o sembrar la confusión en las personas. Esto último es algo obvio cuando se atribuyen palabras al Papa que él no ha expresado y que, frecuentemente, suelen contener mensajes totalmente contrarios a la fe ocultos bajo capa de bien. Suelen ser textos donde el trigo y la cizaña crecen juntos.

Un creyente en autenticidad contrasta las fuentes y cuanto más lo hace, más afina su discernimiento y más capacidad tiene para detectar cuándo las informaciones chirrían. Si damos por bueno lo primero que nos llega, difícilmente podremos alcanzar la Verdad. Cuando Jesús nos llama a la vigilancia en el Evangelio también nos llamaba a analizar la realidad con sentido crítico. En otro caso, nunca distinguiremos al profeta verdadero del falso y con ello, podemos llegar a tener muchos equívocos sobre la fe.